7 formas de rechazarte sin tener que decirlo

por | 3 Dic 2021

Una cena perfecta. Velas, vino y postres. Copa(s) para cerrar. ¿Sabes ese momento en el que estás con una chica y de repente, sin venir a cuento, empieza a bostezar como si llevara 25 horas de fiesta? Te está diciendo que no. Es una de las formas de rechazarte que seguramente no pilles pero que no por ello dejan de ser reales.

También dice no cuando, paseando por alguna avenida amplia y bonita, incluso romántica, lleva el bolso colgando entre ambos. Es posible que sea inconsciente pero también es un puto no. El paseo tiene una versión B, quizá algo más discreta: caminar lo suficientemente lejos como para que el roce sea un fenómeno extraterrestre. No es un juego, es un no. No permitas que te diga, «contigo no bicho».

Los conciertos suelen ser fuente de confusiones y muchos noes escondidos. Todos hemos pensando en entrar a la chica que tenemos al lado mientras suena la canción más romántica o, en defecto de romanticismo, la más cerda. Pues si al pasar el brazo por su hombro o arrimar la cebolleta contra su muslo, ella empieza saltar o hace cualquier cosa que implique devolver el bracito –nótese el tonito– a su lugar natural, también está diciendo no.

«Hitch» ha hecho mucho daño a toda una generación de pajilleros. El jugueteo de llaves antes de entrar en casa es claramente una señal positiva, sí, pero si lleva diez minutos diciendo lo cansada que está y su cara se parece a la de Cenicienta a las 23:59, es un no. No te lo está poniendo difícil ¡qué coño! Detener la puerta mientras se cierra con un golpe sutil, mirarla fijamente a los ojos y besarla sin dejar que diga nada no te va a llevar a ninguna parte que no sea un taxi. Es un no.

Ya van 4. Observe aquí lo fácil y difícil que es decir no. No pienso hablar del cine, esa situación no debería producirse nunca. Busca un hotel o aguanta hasta el momento paseo. Sigamos con lo nuestro.

Un partido de baloncesto o una exposición de fotografía, cualquier plan de tarde suele llevar directamente a tomar algo, un momento perfecto para todo, quizá hablar lo que menos. Sin embargo, si justo después de pedir las bebidas habla con una amiga que misteriosamente aparece por allí a los diez minutos, lo siento machote, te está diciendo no. De hecho, es peor aún, te está diciendo no y que su amiga ya sabe que eres un pringado que seguramente no se entere de nada –y ni hablar de comerse un rosco. Este es cruel.

Un clásico, a veces imperceptible, casi innato del enemigo, son las indirectas. Está tan interiorizado que a veces las lanzan sin darse cuenta –esas son las más jodidas, las que no tienen vuelta de hoja. En general, basta con marcar el terreno con expresiones mágicas como: «es que me encanta Pedro» o, peor aún, «eres como mi hermano». Es como perder la cartera en el primer bar, quieres hacer una locura pero sabes que esa noche acabas jodido. Es un no como una catedral.

Pero el máximo nivel de sutileza, el no mudo más profesional que he recibido es el «gracias» tras lo que pretendía ser una incipiente declaración de amor. Supongo que no hay respuestas correctas ante una sorpresa así. Están las de tipo: «creo que yo también», «me pasa lo mismo» o, simplemente, «te quiero» y luego todas las demás, que son un no. Y por cierto, los emoticonos –con alguna excepción– son también un no: hay sentimientos o situaciones que aún no han conseguido recoger, o lo dice o es un no.

NUWANDA VIVE

Visita nuestra tienda online

¿Conoces nuestra tienda?

Si te gustan nuestros contenidos, te encantarán nuestros productos. Con la compra de cualquiera de ellos apoyas el mantenimiento de este canal.

SUSCRÍBETE

Recibe todas las novedades en tu correo electrónico. Artículos, ofertas, diseños limitados y mucho más.

Permisos de privacidad (requerido)

Hecho!